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Los perros de caza están expuestos todas las semanas al ataque de sus presas La especialización del perro para la caza comenzó en la Edad Media, en el interior de los monasterios. Los monjes fueron pioneros en fijar las razas al realizar diferentes cruces con el fin de obtener el can completo, dotado de las mejores facultades para la búsqueda de las presas. La caza mayor cada temporada es más abundante y aunque cada año se cobren 1.500 jabalíes, en la campaña siguiente los suidos aparecen por los cuatro puntos cardinales. Para detectar el hilo invisible que supone el rastro del verraco son necesarios los perros, de quienes se asegura que son capaces de percibir el olor de una gota de sangre entre cinco litros de agua. No existe una regla fija para determinar cuál es el instante de mayor riesgo para el perro. Unos opinan que es el momento del desalojo, cuando el verraco se resiste a abandonar un mullido y confortable cubil, mientras que otros sostienen que la amenaza llega tras varias horas de persecución, cuando el gorrino se acula y se planta frente a sus tenaces perseguidores. |